EL HECHO MÁS RECIENTE EN NUESTRA REGIÓN HA SIDO LA TRÁGICA SITUACIÓN DE ECUADOR TRAS EL TERREMOTO El hecho

“La solidaridad es la ternura de los pueblos”, frase de la poetisa nicaragüense Gioconda Belli que ha sabido expresar de forma sutil la dimensión puramente humana de las relaciones internacionales. Y es que comúnmente al abordar el quehacer de la Diplomacia nos centramos en la dimensión política o en la económica, y con menor frecuencia en aspectos sectoriales. Sin embargo, a veces la cruda realidad nos golpea en la cara, interpelándonos por la frialdad dominante que caracteriza la formalidad de la diplomacia, y nos convoca a sacar a flote nuestra condición humana. 

El hecho más reciente en nuestra región que ha despertado el sentido más humano de la diplomacia ha sido la trágica situación de Ecuador, luego del terremoto de magnitud 7,8 registrado el pasado sábado 16 de abril. Dicho sismo provocó la pérdida de más de 600 vidas humanas en la costa norte, especialmente en la provincia de Manabí, afectando también provincias como Esmeraldas, Santo Domingo, Guayas, Santa Elena y Los Ríos. 

Según los reportes oficiales, aún hay más de 100 personas desaparecidas, más de 12 mil heridos y unos 26 mil damnificados. El gobierno ecuatoriano ha calculado las pérdidas materiales en más de 3,000 millones de dólares, lo que ha implicado el sometimiento al Congreso de unas series de medidas impositivas para generar los fondos de la reconstrucción de las zonas afectadas. 

Los informes registran a más de 20 países aportando diversos tipos de ayuda humanitaria a Ecuador, calculando la presencia de unos 1000 rescatistas de diversas nacionalidades en las distintas localidades desbastadas. La frase “Ecuador no está solo” se hizo común en las redes sociales, como expresión del reconocimiento de los ecuatorianos a las misiones internacionales que han hecho presencia en su territorio. Países de la región como México, El Salvador, Cuba, Colombia, Venezuela, Perú, Chile, Argentina, Bolivia y Panamá desplegando su ayuda. Igualmente, naciones de otras latitudes como España, Francia, Italia, Noruega, Holanda, Rusia y Corea del Sur activaron mecanismos de asistencia humanitaria. 

En el caso de la República Dominicana, después de consultar a las autoridades ecuatorianas sobre las necesidades prioritarias, se verificó que lo más urgente era contar con brigadas de rescate especializadas en zonas desbastadas. Respondiendo a esa necesidad, el Presidente Danilo Medina ordenó inmediatamente una misión de rescate a ser enviada a las zonas afectadas por el terremoto. El Ministerio de Defensa junto a la Defensa Civil Dominicana conformó un equipo de rescatistas de 38 hombres con diversas especialidades, acompañados de 6 perros amaestrados para rastreo de personas. Con la asistencia de la embajada dominicana en Quito y del Cónsul honorario en Guayaquil, Ecuador, se realizaron las debidas coordinaciones con las autoridades ecuatorianas para la recepción de la misión dominicana, partiendo esta el miércoles 20 de abril. 

El equipo dominicano de rescate estuvo encabezado por el Coronel Rubén Frontal Carrán y conformado por 37 hombres más, a saber: Mayor Alberto Romero, Mayor Francisco Reyes Fortuna, 2do.tte. Comas Francisco, Sgto. M. Rojas Roberto, Sgto. Schrils Coromina, Sgto. Gómez Martínez, Sgto. Vidal Narciso, Sgto. Sánchez Castillo, Cabo Coto Cayano, Cabo Rodríguez Batista, Cabo Martínez Joaquín, Cabo Vargas Nova, Raso feliz Tejeda, Raso Germán, Raso Soriano Cocha, Raso Valdez Colas, Raso Santamaría Vargas, Raso Antigua Santo, Raso Ferrera Batista, A/m  Erdwin R. Olivares, Delfín Antonio Rodriguez Tejada, Luis David Cruz Rodriguez, Kelvinson A. Cáceres Martínez, Abel Benjamín Jiménez Henriquez, Manuel José Rymer Perez, Lowel Amauri Brito Figueroa, Carlos Alberto Mora Morales, Luis Bernardo Mora Heredia, Vladimir Tejada, Dionny Alexander Perez Díaz, Salvador Sánchez, Wladir Alexis Hermón Báez, Stelyn Santiago López Arias, Félix A. Antonio Torres Peña, Juan Amado Marte Almonte, Raphael Ernesto Andújar Filión y Ramón Aristides Molina Cabrera. Estos hombres representaron a la República Dominicana dignamente y fueron portavoces del espíritu de solidaridad del pueblo dominicano. Su eficiente labor testificó el nivel de preparación de nuestro país para atender situaciones de desastres, y a la vez puso de manifiesto la importancia que tienen las entidades de socorro y de atención de emergencia en países vulnerables como el nuestro. Vale destacar entre dichas entidades a los cuerpos castrenses, a la Defensa Civil Dominicana, a la Cruz Roja Dominicana, a los Cuerpos de Bomberos y al Centro de Operaciones de Emergencia, donde confluyen estas instituciones y otras tantas más.

Por otra parte, la República Dominicana, en su condición de presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, sometió un proyecto de Declaratoria en solidaridad con Ecuador, para motivar el apoyo de todos los países miembros a los esfuerzos del gobierno ecuatoriano para gestionar la crisis humanitaria. Dicha declaración fue aprobada a unanimidad por los Estados miembros de la CELAC, sumándose otros países con medidas de asistencia y ayuda. Otras entidades multilaterales se sumaron a la acción por Ecuador de diferentes formas, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través de varias de sus agencias, la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión de Naciones de Suramérica (UNASUR).

Este conjunto de manifestaciones de apoyo y solidaridad han ayudado a controlar el impacto inmediato de la trágica situación, primero sobre la población directamente afectada y segundo sobre el total de Ecuador. Como han manifestado las autoridades ecuatorianas, se tomará más de una década el proceso de reconstrucción y recuperación ante las grandes pérdidas materiales. Este proceso de recuperación del Ecuador será más acelerado y efectivo si la solidaridad internacional no se limita a la coyuntura del terremoto, sino que sea sostenida a través de diversos mecanismos de apoyo desde las naciones y desde los organismos multilaterales.

La solidaridad es la ternura de los pueblos y, a la vez, es la expresión más pura de la dimensión humana de la Diplomacia. Una dimensión que, al paso del tiempo, ha ido quedando rezagada, ante las dimensiones políticas y económicas, en la cotidianidad de las relaciones internacionales, y que solo sale a flote en momentos de extrema calamidad. Esta realidad presente de la República del Ecuador nos interpela como región, y nos debe motivar a ejercer la solidaridad más allá de la coyuntura. 

Por eso, cobran mucho sentido los espacios multilaterales subregionales y regionales, no solo por su importancia política y económica, sino también por el potencial que concentran en relaciones de cooperación y solidaridad. Eso ha llevado a la República Dominicana, en el marco de la nueva política exterior, a apostar por el fortalecimiento de entidades como la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Sistema de Integración Centroamericano (SICA), la Asociación de Estados del Caribe (AEC) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). A eso se debe la asunción de importantes compromisos internacionales que en el presente ostenta nuestro país, como la Presidencia pro témpore de la CELAC y la sede del cuadragésimo sexto periodo ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA). 

La República Dominicana ya no es un país que solo espera recibir de los demás, es una nación dispuesta a aportar, así sea en el marco de sus limitaciones y posibilidades; con modestia pero con dignidad, asumiendo la responsabilidad que le corresponde. 

En esta oportunidad nuestro aporte inmediato a los hermanos ecuatorianos se hizo realidad a través del envío de brigadas de rescatistas con 38 hombres debidamente preparados. Pero sabemos que podemos aportar más con otros mecanismos y valores, y lo haremos. Seguiremos propugnando por una diplomacia más humana, que fomente la cooperación  sur – sur y la solidaridad cotidiana; por una diplomacia cuyo propósito superior sea realmente el fomento del respeto y la convivencia pacífica entre las naciones y la promoción de la prosperidad de nuestros pueblos. 

El autor es Ministro 

de Relaciones Exteriores diendo a esa necesidad, el Presidente Danilo Medina ordenó inmediatamente una misión de rescate a ser enviada a las zonas afectadas por el terremoto. El Ministerio de Defensa junto a la Defensa Civil Dominicana conformó un equipo de rescatistas de 38 hombres con diversas especialidades, acompañados de 6 perros amaestrados para rastreo de personas. Con la asistencia de la embajada dominicana en Quito y del Cónsul honorario en Guayaquil, Ecuador, se realizaron las debidas coordinaciones con las autoridades ecuatorianas para la recepción de la misión dominicana, partiendo esta el miércoles 20 de abril. 

El equipo dominicano de rescate estuvo encabezado por el Coronel Rubén Frontal Carrán y conformado por 37 hombres más, a saber: Mayor Alberto Romero, Mayor Francisco Reyes Fortuna, 2do.tte. Comas Francisco, Sgto. M. Rojas Roberto, Sgto. Schrils Coromina, Sgto. Gómez Martínez, Sgto.  Vidal Narciso, Sgto.  Sánchez Castillo, Cabo Coto Cayano, Cabo  Rodríguez Batista, Cabo Martínez Joaquín, Cabo Vargas Nova, Raso feliz Tejeda, Raso Germán, Raso Soriano Cocha, Raso Valdez Colas, Raso Santamaría Vargas, Raso Antigua Santo, Raso Ferrera Batista, A/m  Erdwin R. Olivares, Delfín Antonio Rodriguez Tejada, Luis David Cruz Rodriguez, Kelvinson A. Cáceres Martínez, Abel Benjamín Jiménez Henriquez, Manuel José Rymer Perez, Lowel Amauri Brito Figueroa, Carlos Alberto Mora Morales, Luis Bernardo Mora Heredia, Vladimir Tejada, Dionny Alexander Perez Díaz, Salvador Sánchez, Wladir Alexis Hermon Báez, Stelyn Santiago López Arias, Félix A. Antonio Torres Peña, Juan Amado Marte Almonte, Raphael Ernesto Andújar Filion y Ramón Aristides Molina Cabrera. Estos hombres representaron a la República Dominicana dignamente y fueron portavoces del espíritu de solidaridad del pueblo dominicano. Su eficiente labor testificó el nivel de preparación de nuestro país para atender situaciones de desastes, y a la vez puso de manifiesto la importancia que tienen las entidades de socorro y de atención de emergencia en países vulnerables como el nuestro. Vale destacar entre dichas entidades a los cuerpos castrenses, a la Defensa Civil Dominicana, a la Cruz Roja Dominicana, a los Cuerpos de Bomberos y al Centro de Operaciones de Emergencia, donde confluyen estas instituciones y otras tantas más.

Por otra parte, la República Dominicana, en su condición de presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, sometió un proyecto de declaratoria en solidaridad con Ecuador para motivar el apoyo de todos los países miembros a los esfuerzos del gobierno ecuatoriano para gestionar la crisis humanitaria. Dicha declaración fue aprobada a unanimidad por los Estados miembros de la CELAC, sumándose otros países a medidas de asistencia y ayuda. Otras entidades multilaterales se sumaron a la acción por Ecuador de diferentes formas, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través de varias de sus agencias, la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión de Naciones de Suramérica (UNASUR).

Este conjunto de manifestaciones de apoyo y solidaridad ha ayudado a controlar el impacto inmediato de la trágica situación, primero sobre la población directamente afectada y segundo sobre el total de Ecuador. Como han manifestado las autoridades ecuatorianas, se tomará más de una década el proceso de reconstrucción y recuperación ante las grandes pérdidas materiales. Este proceso de recuperación del Ecuador será más acelerado y efectivo si la solidaridad internacional no se limita a la coyuntura del terremoto, sino que sea sostenida a través de diversos mecanismos de apoyo desde las naciones y desde los organismos multilaterales.

La solidaridad es la ternura de los pueblos y, a la vez, es la expresión más pura de la dimensión humana de la Diplomacia. Una dimensión que, al paso del tiempo, ha ido quedando rezagada, ante las dimensiones política y económica, en la cotidianidad de las relaciones internacionales, y que solo sale a flote en momentos de extrema calamidad. Esta realidad presente de la República del Ecuador nos interpela como región, y nos debe motivar a ejercer la solidaridad más allá de la coyuntura. 

Por eso, cobran mucho sentido los espacios multilaterales subregionales y regionales, no solo por su importancia política y económica, sino también por el potencial que concentran en relaciones de cooperación y solidaridad. Eso ha llevado a la República Dominicana, en el marco de la nueva política exterior, a apostar por el fortalecimiento de entidades como la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Sistema de Integración Centroamericano (SICA), la Asociación de Estados del Caribe (AEC) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). A eso se debe la asunción de importantes compromisos internacionales que en el presente ostenta la nuestro país, como la Presidencia pro témpore de la CELAC y la sede del cuadragésimo sexto periodo ordinario de sesiones  de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA). 

La República Dominicana ya no es un país que solo espera recibir de los demás, es una nación dispuesta a aportar, así sea en el marco de sus limitaciones y posibilidades; con modestia pero con dignidad, asumiendo la responsabilidad que le corresponde. En esta oportunidad nuestro aporte inmediato a los hermanos ecuatorianos se hizo realidad a través del envío de brigadas de rescatistas con 38 hombres debidamente preparados. Pero sabemos que podemos aportar más con otros mecanismos y valores, y lo haremos. Seguiremos propugnando por una diplomacia más humana, que fomente la cooperación  sur – sur y la solidaridad cotidiana; por una diplomacia cuyo propósito superior sea realmente el fomento del respeto y la convivencia pacífica entre las naciones y la promoción de la prosperidad de nuestros pueblos.