Por Andrés Navarro

La transformación de un partido político ha iniciado con la apertura del IX Congreso Ordinario José Joaquín Bidó Medina del Partido de la Liberación Dominicana. Precisamente, en la plenaria de apertura del pasado 11 de octubre, el expresidente Danilo Medina perfiló algunas características de esa transformación. En ese sentido el líder político planteó que dicha transformación “tiene que ser una auténtica refundación. Una vuelta a lo mejor de nuestros orígenes, con la vista puesta en los retos del futuro, para juntos construir un mejor proyecto de país”. 

Igualmente, Danilo Medina afirmó que es preciso dar el paso a “un partido moderno, ágil, efectivo y profesional. Tal vez más pequeño, pero sin duda más comprometido, dinámico y capaz de lograr sus metas. Porque este es el momento de abrirse a la sociedad dominicana y dar respuesta a sus nuevas inquietudes”. Esto nos debe llevar a entender que la transformación de un partido político, especialmente de uno con larga trayectoria de éxitos, debe ser un proceso. Proceso entendido como sistema de cambios paulatinos que den por resultado una revolución del paradigma organizacional. En el caso del PLD será iniciar el paso del paradigma de Partido de Masas al de Partido de Causas Sociales.

Ver al Partido viendo a la Sociedad

Por esa razón, el gran reto de la transformación del PLD no es sólo verse a sí mismo. A la vez, hay que asumir el reto de entender a la sociedad dominicana actual para responder a ella. Esta visión de la actual responsabilidad del PLD es coherente con el pensamiento de su fundador Juan Bosch. En efecto, Bosch consideraba que un partido político “no puede dedicarse sólo a las tareas de cada día”. Él entendía que entre las obligaciones de un partido político “está la de contribuir al desarrollo de la sociedad en la que actúa. Tiene que prepararse para ver con claridad no sólo lo que sucede en torno suyo, sino prever lo que sucederá: evitarlo si está llamado a ser dañino, o acelerarlo si está llamado a ser útil para el pueblo”. (El PLD, un Partido Nuevo en América, Juan Bosch, 1989)

Esta perspectiva, en el marco del IX Congreso Ordinario del PLD, ha llevado a abordar aspectos atinentes al partido mismo y a su rol en el Estado, como también otros relativos a la sociedad. En tal sentido entre las áreas temáticas partidarias se contemplan la declaración de principios y estatutos, la línea organizativa y electoral, la formación política y la disciplina. Por otro lado, frente al Estado se analiza el rol en el Congreso Nacional y en los Gobiernos Locales. En tanto que, de cara a la sociedad, se aborda la relación del partido con los diversos sectores, así como con la diáspora dominicana. De igual forma se pone atención a causas sociales como la igualdad y equidad de género, la participación de la juventud y la protección del medio ambiente, entre otras. 

La gestión del cambio en la transformación de un partido político

Todo cuanto surja de los debates previstos en la metodología de participación de los organismos del partido, perfilará el “deber ser” de la organización. Ahora bien, es preciso entender que no será suficiente contar con nuevos estatutos y documentos sustantivos para consumar un nuevo paradigma. Esos preceptos y mandatos serán la carta de ruta sobre la cual trazar un plan estratégico que permita la ejecución efectiva de la transformación del partido a corto y mediano plazo. Es decir, un gran reto para el PLD será la inteligente gestión del cambio en los próximos años. 

Esta gestión del cambio debe estar guiada por los nuevos estatutos y documentos sustantivos, pero también por la practicidad que confiere el conocimiento de la realidad interna y el contexto socio – político. Sobre esa combinación virtuosa entre “el ser” y el “deber ser” del Partido se requiere diseñar el plan estratégico que garantice una transformación sostenible. Pues, en el caso de las organizaciones, es mucho más complejo transformar que crear. Esta gestión del cambio implicará trabajar con la actual militancia, y con la de nuevo ingreso, la transformación de la estructura política. Requerirá también la construcción de una nueva cultura organizacional vinculada a las tecnologías de la información y la comunicación. Demandará, igualmente, nuevos métodos de trabajo y nuevas formas de relación con el Estado y con la Sociedad.